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ABCdario / MATIAS AMADOR MOYRON

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*¡Qué tiempos aquellos!
*Gira de tres días
***En Memoria de Matías Amador Moyrón, incansable promotor de nuestra identidad y pertenencia: Descanse en Paz.

Hace dos meses o poco menos, fue la última vez que vi y platique con Matías Amador Moyrón, con quien colaboré en el Ayuntamiento de La Paz hace 37 años y lo trate como periodista desde muchos años antes, siempre con cordialidad y respeto; semanas antes había publicado una anécdota titulada: “Los perros de La Primeras Agua” y le gustó, que fue pretexto para recordar tiempos pasados; él como ex alcalde de La Paz y yo como aprendiz de embadurnador de planas (periodista).
Recuerdo que en 1984, antes de entregar la alcaldía de La Paz a su sucesor, Enrique “Güero” Ortega Romero, realizó una gira de trabajo de tres días por el norte del municipio de La Paz, con el fin de compartir con los habitantes de esas alejadas comunidades la terminación del camino vecinal que cerraba el circuito de San Juan de La Costa a San Evaristo, de San Evaristo al Toris y de ahí a Las Pocitas, conectando un sinnúmero de comunidades y rancherías como Los llanos de Kakiwui, La Soledad, San Pedro de la Presa, Las Ánimas, el Paso de Iritú, El paso de Encinas, Las Bebelamas, San Fermín, El Corral de Piedra, Las Golondrinas, Las Tinajitas, La Fortuna, El Orgullo, etc., obra de la que fue un incansable promotor.
Durante los tres días de gira nos concentramos en el internado de La Soledad, donde se instaló el centro de operaciones para bañarnos y dormir, desayunar y cenar, después de recorrer durante el día las más apartadas rancherías y comunidades de la zona norte de La Paz; fue en esa época cuando conocí a Porfirio Amador, de Los Llanos de Kakiwui y reafirme mi amistad con Manuel Romero, de El Toris, con doña María Candelaria Collins, de el Paso de Encinas, Fidencio Romero, de San Pedro de La Presa, Vicente Amador, de Las Pocitas, Lucio Lucero y Adán Núñez, (constructores del camino) ambos de Las Pocitas, a Manuel Moreno, de San Evaristo y a muchísimos amigos más que conocí desde antes de quienes guardo y conservó gratos recuerdos.
Porfirio Amador, que fue un referente insustituible de Harry Crosby para escribir su libro “Los últimos Californios”, le ofreció a Matías Amador y a su comitiva –de quien era muy amigo– una comida como agradecimiento “por el camino” en su casa en Los Llanos de Kakiwui; tatema de chivo, machaca de res, frijoles fritos cosechados en Los Llanos de Kakiwui, leche de chiva, queso de chiva, tortillas de harina y maíz, mantequilla y como postre dulce de toronja. Porfirio Amador, ranchero de toda la vida y conocedor de las escarpadas sierras al sur de la sierra de La Giganta, es un excelente conversador, ameno y mejor amigo, que a sus más de ochenta años a cuestas conserva como nadie las vivencias de toda una vida entregada en esas áridas tierras ubicadas en las zonas más inhóspitas del norte de La Paz, “donde sólo las águilas se atreven”.
De esa agotadora gira –cuando no existía fax, teléfono, celular, computadoras ni nada que se le pareciera– recuerdo a periodistas de la “vieja guardia” como Jesús Chávez, Ernesto Servín, Max Rodríguez, Felipe Ojeda, Rogelio Félix, Mario Avilés, Félix Mendoza, Benedicto Hernández, Miguel Rubio, Paul Sherman, Ramón Ortega, Miguel Guzmán Cárdenas, entre otros, coordinados por la leal jefe de prensa del Ayuntamiento de La Paz, Armida T de Caloca.
Tres días recorriendo la zona norte del municipio de La Paz, de aquellas giras que imponían mística y amor a la camiseta; recuerdo que Julio Robles, jefe de mecánicos de Servicios Públicos y Paco Munguía, encargado de compras de los talleres de Servicios Públicos, eran los del “avituallamiento” mecánico; combustible, refacciones diversas, llantas y aceites para cualquier contingencia que se presentará durante la gira, tres días de perder contacto con La Paz; la información que se producía en el día era enviada en la noche en un vehículo destinado a ese fin, quien a su vez la entregaba directamente a los periódicos; no sé qué pasó con la información enviada desde allá que a poco días de concluida las gira, Armida T. de Caloca me confió, que ingún periódico había publicado la información generada durante la gira. (En ese tiempo Armida T. de Caloca, vocera del Ayuntamiento de La Paz y amiga de todas las confianzas del entonces alcalde, Matías Amador, enfrentaba una guerra sin cuartel impulsada por algunos colegas que no comulgaban con ella y que además les interesaba su puesto).
Matías o Maty, como lo tuteaban sus amigos, fue un alcalde cercano a la gente; sencillo y servicial; en lo personal lo traté mucho y le guardo un fuerte aprecio y respeto; fue un servidor público que estuvo a la altura de las circunstancias; un sudcaliforniano sin mezclas que amó entrañablemente a su tierra, siempre fiel a sus convicciones. Descanse en Paz el buen Maty.
Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a abcdario_@hotmail.com